¡SUBAMOS AL VELERO! Aliento en Alta Mar Un tiempo a solas con el Buen Capitán Lectura: 1 Juan 3:5


Aliento en Alta Mar
Un tiempo a solas con el Buen Capitán

Lectura: 1 Juan 3:5

"Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él."
(1 Juan 3:5)

¡SUBAMOS AL VELERO!

Un llamado para tener un encuentro con el Buen Capitán. 

Hoy, en medio de la navegación, siguiendo el recorrido en este mar de la vida, he recibido el aliento que viene de arriba.

Son las palabras de Juan, inspiradas por el Buen Capitán, que llegan para ayudarme a continuar.

Cuando las pruebas se acumulan y el peso del pasado quiere aplastar mi corazón, qué bien me hace parar y escuchar lo que dice Dios.

Juan escribe en su carta algo que siempre necesito recordar:
“Jesús apareció para quitar nuestros pecados.”

Qué profunda esperanza encierra esta verdad.
Jesús mismo dijo que Él no vino para juzgar, ni siquiera para condenar, sino más bien para salvar:


“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.
Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.”

(Juan 12:46–47)

Cuando fallo, cuando mis pensamientos se desordenan, cuando la carne me gana la pulseada, me consuela saber que Él apareció justamente para eso: para cargar con mi pecado y para liberarme de su peso.

Juan dice también que en Jesús no hay pecado, pero sabemos que Él padeció y fue tentado como nosotros, y entiende muy bien todo lo que en este mar enfrentamos.
Él también navegó y experimentó las sacudidas, pero jamás se hundió.
Eso nos brinda la seguridad de que, si nos aferramos a Él, estaremos a salvo.

No olvides esto, mi querido marinero o marinera:
Jesús no solo es el único Salvavidas al que debemos aferrarnos para salir a flote,
Él también es el único que nos llevará al puerto final, porque Él es EL BUEN CAPITÁN.

Lo que me asombra en todo esto es saber que, a pesar de ser majestuoso y todopoderoso, decidió venir a rescatarme del pozo, se embarcó conmigo, entró en mi tormenta y murió por mis rebeliones y mis afrentas.


Esta mañana leí algo que se relaciona muy bien con lo que vengo hablando.
Rescaté y anoté una cita en mi cuaderno de frases, donde guardo esas perlas que enriquecen mi alma. (Visita mi blog: Anota la cita)

Leí unas palabras del querido pastor Jaime Burnet, quien hablaba sobre la vida de Jacob, aquel viajero de alma errante.

Jaime escribió sobre Génesis 35:1, donde Dios le dice a Jacob:

"Levántate y sube a Betel."


Y luego comentó:

"El camino a Betel siempre es hacia arriba. Pero antes de llegar, Jacob se tuvo que despojar del bagaje innecesario que tanto ofende a Dios."
— Jaime Burnet


También escribió:

"Betel —casa de Dios y lugar de encuentro con Dios— es el mejor lugar para cerrar una etapa difícil y complicada de la vida.
Levantémonos y subamos a Betel."
— Jaime Burnet


Estas palabras se me quedaron grabadas:
“La casa de Dios es el mejor lugar para cerrar una etapa difícil y complicada.”

Yo diría que:

La casa de Dios es como el Velero que navega rumbo al cielo: es el lugar donde me encuentro con el Capitán y recibo su amor y su consuelo.

Sabes, al igual que Jacob, yo también he tenido que subir a Betel.
He tenido que soltar cosas del pasado.
He tenido que arrepentirme y regresar.
He tenido que pedir perdón en más de una ocasión.
He tenido que volver a lo esencial: al encuentro con el Dios que me ama de una manera única y sin igual.

Y tú, marinero querido, ¿hay algo que hoy debas dejar atrás para subir a Betel?
¿Puedes admitir que llevas una carga pesada de remordimiento que te aplasta por dentro?
¿Eres capaz de confesar ese pecado que tienes tan oculto?
¿Puedes pedir perdón y rechazar esos pensamientos que no honran al Capitán?


Como dice Juan, Jesús apareció para ayudarte justamente con eso que hoy tanto te perturba en la mente.

El Señor te toma de la mano.
Él no quiere reprocharte.
Más bien quiere ayudarte, perdonarte, renovarte.
¿Lo puedes creer?

¿Qué esperas para subir a Betel?

🙏🏼Oremos juntos de todo corazón 

Amado Padre Celestial, mi Señor y Buen Capitán,
gracias por venir a buscarme cuando me estaba ahogando en alta mar.
Tú, que eres sin pecado, decidiste embarcarte en mi historia para llevarme a tu gloria.
Ayúdame a subir a Betel.
Ayúdame a soltar este pecado que tanto me daña.
Hoy quiero confiar en tu perdón.
Hoy quiero recibir tu aliento.
Me dejo impulsar otra vez por el viento de tu Espíritu y deseo ser lleno de tu presencia.
Te pido perdón.
Te pido ayuda en medio de tanto dolor.
En el nombre de Jesús, mi Salvador.
Amén.



⚓ Querido marinero, querida marinera, si escuchas que Dios te habla, no cierres tu corazón a su Palabra.
No te resistas al viento que te renueva por dentro.
Recibe el Aliento del Buen Capitán que te impulsa a navegar en Alta Mar.
Su Palabra te sostendrá cuando estés pasando por la más dura tempestad.

Te saluda,
Gerwuer, el navegante,
siguiendo siempre a nuestro Buen Capitán y Comandante.

(Recuerda que puedes dejarme tu mensaje. Siempre es de bendición saber cómo Dios usa cada reflexión.)

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