Avanza con fe, con las velas al viento, pero con la luz de Dios brillando por dentro.


Los marineros del Buen Capitán no disfrutan  navegando por zonas donde reina la oscuridad.

¡Hola, muy buenos días mi querido compañero o compañera de viaje en este mar de la vida. 

¡Qué alegría encontrarnos nuevamente en este viaje de fe!
 
Hoy he seguido con la lectura en la primera carta de Juan, y el versículo que en el que me detuve a reflexionar es contundente:  

«Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad»
(1 Juan 1:6).  

¿Has visto a alguien navegar con las velas desplegadas… pero sin rumbo? Así somos cuando aparentamos tener comunión con Dios mientras nuestro corazón vive en oscuridad. 

La religión, sin una genuina transformación, es como un barco sin timón...

... puede lucir impresionante, pero su final será un desastre, pues se perderá y naufragará en cualquier parte.

Mientras considero lo que dice Juan, también estoy leyendo el Antiguo Testamento, y hoy me impactó algo que leí sobre Saúl.
Me quedé pensando en el relato que se encuentra en 1 Samuel 20:25-26. 

Dice así:
“Y el rey se sentó en su silla, como solía, en el asiento junto a la pared, y Jonatán se levantó, y se sentó Abner al lado de Saúl, y el lugar de David quedó vacío. Mas aquel día Saúl no dijo nada, porque se decía: Le habrá acontecido algo, y no está limpio; de seguro no está purificado.
(1 Samuel 20:25-26)

Para ponernos en contexto debes saber que esto sucedió durante una de las tantas fiestas religiosas de Israel, donde la pureza era el requisito principal. 
El Rey Saúl se sentó a cenar como si todo estuviera bien. Pero su corazón ardía en celos, odio y planes para asesinar a David. Lo asombroso, lo irónico, es que Saúl se detuviera a pensar en cómo estaban los demás pero no veía su propia maldad. ¡Hasta asumió que David estaba impuro y sospechaba que esa era la razón de ausencia! 

Saúl era un actor magistral: celebraba ritos sagrados mientras su alma estaba llena de pecado. Su corazón era como un campo de batalla donde abunda la maldad y el horror. Con su vida no agradaba al Señor.

¿Te suena familiar? 
Judas actuó igual. También se sentó en la Última Cena junto a Jesús, con un corazón lleno de traición (Juan 13:2). Ambos personajes nos confrontan con una pregunta incómoda: 

¿Cómo está mi corazón en este momento? ¿Vivo en luz… o solo domino el arte de la apariencia piadosa?  

La solución no está en disfrazar nuestras tinieblas con una luz artificial, sino en buscar que Jesús encienda en nosotros su poderosa luz Celestial, la auténtica, la original.

Juan no nos deja en la desesperanza. Si Saúl o Judas hubieran confesado su pecado en vez de taparlo, ¡Dios los habría restaurado! Pero eligieron la máscara. 

Acompáñame en este desafío:  

1. Examinemos nuestro rumbo espiritual:  
   - ¿Pasamos más tiempo simulando devoción que buscando al Buen Capitán en oración?  
  Piensa: ¿Tu vida privada coincide con tu imagen pública?  

2. Aprendamos a ser fieles en lo oculto:  
  - Como un marinero que revisa las velas y el casco del barco, dedica tiempo para estar a solas con Dios. 

Recuerda que el Señor no espera que te acerques a su presencia siendo limpio y perfecto en tus propias fuerzas, sino que seas honesto, que seas transparente y que le permitas que te limpie con su sangre completamente.

3. Dejemos que Dios tome el Timón, y cambiemos de rumbo hoy mismo:  
   Si descubres hipocresía, si puedes ver tu pecado, si la luz de Dios te muestra que estás errado... 
¡No te ahogues en culpa! ¡No te quedes derrotado!

¿Te acuerdas de lo que dice 1 Juan 1:9?

«Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo…»

¿para qué? 

… para perdonar nuestro pecado y limpiarnos de toda maldad» 
(1 Juan 1:9)

Jesús ya pagó el precio; tu trabajo ahora es soltar las mentiras y abrazar Su gracia.  

Mira hacia el Faro De La Verdad

Imagina que tu corazón es un barco en alta mar. La Palabra de Dios es el faro que revela los peligros ocultos bajo las olas.

Si le permites iluminar tus rincones oscuros, Él no solo señalará el pecado, sino que te guiará al puerto de Su perdón. ¡Un corazón honesto jamás será desechado!  

Dile ahora al Señor:
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame, y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame, en el camino eterno.”
(Salmos 139:23-24)

Toma un momento y piensa:
¿Qué área de tu vida está "decorada" para los demás, pero necesita la luz de Cristo?  

Es tan fácil caer en la rutina, cumplir con los deberes, hacer lo que se espera… pero perder la intimidad con el Capitán.
 
Para terminar, te comparto el siguiente pensamiento que vino a mi mente al final de la lectura:

“Aprende a ser fiel. 
Aprende a ser responsable.
Cumple con la tarea que se ha puesto en tus manos.
Dedícate a tu trabajo, pero no descuides tu tiempo a solas con el Capitán del Barco.”

Quiero darte las gracias por venir a navegar conmigo.
¡Deja un comentario compartiendo cómo Dios está ajustando tus velas en este viaje! ⛵✨  

Soy Gerwuer y por hoy aquí me despido deseando que sigas el mismo recorrido. 

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