La ceguera y la oscuridad de aquellos que dicen ser cristianos de verdad.
"Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos."
1 Juan 2:11
Desde hace varios días vengo leyendo la primera carta de Juan, tan solo un versículo por día.
Me ha llamado la atención cómo Juan se esfuerza en señalar que el verdadero cristianismo se demuestra en el amor que nos mueve a la acción.
Puedo ver que Juan escribe esta primera carta para hacer una clara invitación a poner el amor en movimiento, a cultivar la comunión, el compañerismo, a estrechar lazos de amistad, primero con Dios y luego con los demás.
Vivo en medio de una sociedad que dice ser cristiana, que dice ver y entender el buen camino que todos debemos seguir, pero la realidad me demuestra que están perdidos, vacíos, muertos, fríos.
Hoy me detengo a leer y reflexionar en 1 Juan 2:11.
Juan dice lisa y llanamente:
"El que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos."
Juan destaca que el amor debe ser genuino, real, práctico. No algo emocional, no algo meramente sentimental, sino más bien algo tangible, visible.
El amor verdadero no se mide por palabras, sino por hechos. Es un amor que renuncia a los propios deseos, que deja de lado los caprichos y las preferencias personales, para buscar el bien del otro.
Hoy muchos matrimonios se rompen porque cada uno piensa solo en sus propios intereses, en sus deseos y en sus placeres. Nadie quiere ceder, nadie quiere sacrificar su comodidad. Muchos se han olvidado que el verdadero amor se demuestra muriendo a uno mismo.
Mucha gente va a las iglesias y se siente ignorada, rechazada, invisible. Se canta sobre el amor de Dios, pero muchas veces falta ese amor en los gestos concretos hacia el prójimo.
Hay personas durmiendo en las calles, abandonadas, hambrientas, necesitadas de ayuda, de una mano que se extienda sin esperar nada a cambio. Y tristemente, se puede ver que, muchas veces, los que más gracia, misericordia y perdón hemos recibido, somos los que más rápido nos olvidamos de brindar a otros el mismo trato que se nos ha concedido.
Juan dice más adelante:
"Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad."
1 Juan 3:18
Juan nos lleva a preguntarnos:
¿Cómo podemos decir que andamos en luz, que somos fieles seguidores de la verdad, si no amamos a los hermanos y no vivimos en santidad?
La sociedad está afectando nuestra manera de pensar y nos invita a poner nuestros deseos y gustos en primer lugar. A amarnos a nosotros mismos y nada más.
Otra cosa que he visto y me causa indignación es ver que se le brinda más ayuda a un animal, hay más protección por un perro o un gato, que por un ser humano. Nos preocupa el espacio exterior, cuidar el clima, o cuidar las cosas materiales y no pensamos en las personas reales.
Por favor dime la verdad… ¿Puedes ver esta realidad?
Me pregunto:
¿Qué cambio puedo implementar hoy?
¿Cómo puedo amar en obras y no sólo en palabras?
¿Cómo puedo renunciar a mí mismo para servir a otros?
Oremos:
Oh Padre Eterno, quiero experimentar tu verdadero amor.
Transforma mi vida, todo mi ser.
Quítame el egoísmo, el pensar solo en mí mismo.
No puedo amar de verdad si Tú no haces un cambio profundo dentro mío.
Hazlo, aunque duela, porque sé que amar como Tú amas realmente vale la pena.
Lo pido en el nombre de Jesús.
Amén.
Gracias por acompañarme en esta reflexión.
Soy Gerwuer, y aquí me despido:
Hasta la próxima, si Dios lo permite.
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