Un Miércoles Santo, aunque en verdad no lo sea tanto


“Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.”
(1 Juan 1:10)

Hola y bienvenido, si eres un marinero que llega por primera vez a este rincón del velero; y saludos para ti, mi querido compañero, que siempre vienes hasta aquí para leer la Bitácora, mientras navegamos con destino al cielo.

Cada día sigo considerando un versículo de la primera carta de Juan. Hoy me toca leer el verso 10 del primer capítulo:

“Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.”
(1 Juan 1:10)

La semana que muchos llaman Santa, aunque vivan como Nabal, haciendo las cosas mal

Estamos navegando por este mar de la vida, en esta semana que llaman Santa, donde muchas personas solo piensan en pasarla bien y están programando su salida, su escapada… sin pensar en profundidad en todo lo que Jesús hizo para darnos libertad.

Hablemos claro y digamos la verdad: esta sigue siendo una semana llena de pecado, engaño y maldad.

Nabal, el hombre que hacía las cosas mal

Además de leer 1 Juan, también leo el Antiguo Testamento, y hoy me he detenido en el primer libro de Samuel, capítulo 25, donde se cuenta la historia de Nabal.

Sin duda, Dios conoce el corazón, y no hay pecado que de sus ojos se pueda esconder. Es una realidad que Él todo lo puede ver.

Nabal era duro, egoísta y malvado; estaba lleno de pecado, pero no aceptaba consejo, no quería corrección. No había forma de hacerlo entrar en razón.

¿Me pregunto...? ¿Se parece mi corazón al de Nabal?

En un contraste muy evidente se encuentra la esposa de este hombre. Ella sí que era una persona diligente, sabia y prudente. Escuchó, creyó y actuó en base al mensaje que recibió.

¿Qué harás tú con este mensaje que hoy te llega?

Si respondes como Abigail, demuestras ser una persona humilde, sabia y gentil.
Pero si actúas como el terco de Nabal… terminarás muy mal.
Espero que esto no te dé igual.

Lo notable es ver que Abigail se puso en el lugar del malvado Nabal. Y eso me ha llevado a pensar en Jesús, quien por nosotros actuó igual.

Abigail intercedió como una sierva humilde delante de David, el que tenía el poder para dar muerte segura.
Jesús intercedió por nosotros ante Dios, como siervo se humilló y de hombre se vistió.

David ya tenía una decisión tomada: la espada debía caer sobre la cabeza de la gente malvada, y de la casa de Nabal nadie se salvaba. Pero gracias a la intervención de Abigail, la historia cambió.

Jesucristo actuó de la misma forma.
El juicio de Dios ya estaba preparado para destruir a todo ser humano, porque todos pecamos.

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”
(Romanos 3:23)

Todos somos tan malvados como este Nabal. No hay duda de que nosotros también hacemos las cosas mal.

Pero Jesús, el Cordero, intercedió a nuestro favor, y con su sangre pagó el precio de nuestra redención.

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros curados.”
(Isaías 53:5)

Hoy necesitamos recordar, agradecer y adorar a Jesús por salvarnos al morir en la Cruz.

Y mientras reflexiono, no puedo evitar pensar que también en este día, hace muchos años, Judas comenzó a tramar su traición.

El Evangelio de Mateo nos lo cuenta así:

“Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.”
(Mateo 26:14-16)

No olvidemos que también en nuestros corazones pueden anidar estas mismas traiciones…
Jesús no solo vino a salvarnos del juicio, sino a limpiarnos de toda hipocresía.
Él vino para darnos una nueva vida.
Sin un nuevo corazón, sin volver a nacer por medio de la fe, es imposible cambiar.
No nos podemos salvar por nuestra manera de obrar, pero al creer en Jesús… vamos a cambiar.

¿Y tú? ¿Cómo vas a responder hoy?

Abigail no necesitó una explicación larga.
Le bastó el mensaje urgente de un siervo que le habló de manera clara.
Ella creyó, y por eso actuó.
Abigail se presentó ante aquel que muy pronto sería el Rey.

El Evangelio es este mensaje simple y poderoso:

"Hay un juicio establecido y se acerca el día de la máxima pena, pero también hay una gracia maravillosa que nos libra de toda condena. La fe en Jesús nos quita las cadenas."

¿Esperarás señales, pruebas o garantías?
¿O actuarás hoy con fe, decisión y valentía?

Confiesa tu pecado. 
Acércate con humildad.
Cree que la muerte de Jesús en la cruz es suficiente para darte libertad.
Recibe el perdón y vive de una vez por todas como quien ha sido rescatado por el Capitán.
Y no te lo quedes solo para ti: ¡anuncia a otros esta misma verdad!

Gracias por acompañarme en este nuevo día.
Deseo que Dios te guíe en su bondad y sabiduría.
Que la luz de su Palabra ilumine tu interior y guíe tu senda en la buena dirección.

Aquí me despido por hoy.
Soy Gerwuer, el Navegante, y te invito a seguir al Capitán de manera fiel y constante.

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