Sepultado, pero no derrotado. Cuando la Tierra tembló y el Cielo no habló, el velo del templo se rasgó.
"Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos."
(1 Juan 2:3)
¡Hola! Por aquí estoy en un nuevo día, escribiendo y compartiendo lo que de la Biblia voy aprendiendo.
Sigo con la lectura de la primera carta de Juan. Estoy avanzando despacio, tratando de reflexionar a cada paso. Leo tan solo un versículo por día.
Hoy me detengo en el capítulo 2, versículo 3, que dice así:
"Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos."
1 Juan 2:3
El mensaje es claro:
El verdadero conocimiento de Dios no se mide por las emociones intensas, ni por las palabras hermosas, sino más bien por una vida obediente y piadosa.
Aquel que verdaderamente ha tenido un encuentro con Jesús, el Buen Maestro, sin duda guardará sus mandamientos.
Un fiel marinero seguirá las Palabras que el Capitán le ha dejado y el rumbo que le ha trazado aunque solo pueda ver oscuridad por todos lados.
Por aquí seguimos avanzando. Día tras día, vamos navegando por este mar de la vida, durante el tiempo que se nos ha brindado.
Hoy llegamos al día llamado "Sábado Santo", aunque en verdad fue un día de dolor y llanto.
Hace mucho tiempo, este sábado fue de gran lamento para aquellos que habían caminado con Jesús.
Los discípulos estaban desconcertados, sumidos en dolor y confusión. Jesús había muerto. Estaba sepultado. ¿Se habrían equivocado al seguir a Aquel que decía ser el Mesías?
¡Qué desesperación sentimos cuando hemos obrado según lo que Dios nos ha mostrado y en lugar de ver que las cosas se acomodan, parece que todo a nuestro alrededor empeora!
Es en los momentos de mayor oscuridad, cuando nos inunda la amargura y la aflicción, que el diablo aprovecha para sembrar incredulidad y temor en nuestro corazón.
Al mediodía del viernes, las sombras tenebrosas cayeron sobre el monte santo. La Tierra tembló con dolor y espanto. El sol se oscureció, el cielo no habló, y entonces el velo del templo se rasgó de arriba abajo se partió en dos.
Todo ocurrió en el momento en que Jesús, exclamó: "¡Consumado es!"
¡Hecho está...!
¡Obra terminada...!
¡Qué glorioso momento! Aunque nadie lo entendió, fue algo maravilloso: entre el cielo y la tierra, un camino se abrió.
Hoy, son muchos los hablan de Jesús, pero no son muchos los que están dispuestos a seguirle, llevando su cruz.
No todos se atreven a recibir el desprecio de la multitud y caminar hacia el calvario. El precio final es morir con Cristo, sepultar el viejo hombre, dejando el pasado a un lado.
El verdadero discipulado no es una teoría, ni una emoción pasajera. Jesús nos llama a morir, entregando nuestra vida vieja. Para comenzar con él una vida nueva.
Seguir al Buen Capitán en este mar de la vida es recorrer un camino angosto y escarpado.
Es abandonar lo que creíamos seguro. Es dejar el puerto de la comodidad y navegar por fe, confiando que Él nos conducirá a la tierra prometida.
Aunque no veamos aún la orilla, ni sepamos cuándo llegaremos, los marineros de Jesús nos embarcamos con Él, y mientras navegamos, tratamos de rescatar a otros náufragos perdidos.
Como ya mencioné, hoy es el día que muchos llaman "Sábado Santo", pero yo lo llamo sábado de silencio, dolor y espanto.
Jesús murió crucificado. Un día como hoy, ya estaba sepultado.
¡Qué tremendo debió ser ese día para sus discípulos!
Mientras la ciudad celebraba, ellos lloraban desconsolados.
Pero, así como la semilla debe ser sepultada para luego poder mostrar sus maravillas, de la misma forma Jesús debía ser sepultado para poder concretar la obra que había comenzado.
Como el mismo dijo: Si la semilla no cae en tierra y muere, no puede llevar frutos.
"En verdad, ciertamente les digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará mucho fruto."
(Juan 12:24)
Es en el silencio y en la oscuridad, cuando Dios obra con poder y autoridad.
Nunca te olvides que, aún cuando nada se ve, Dios sigue obrando. Él está trabajando.
¿Sepultado?... si, eso es verdad. ¿Derrotado?... NO, NUNCA, JAMÁS.
Volviendo al versículo de la primera carta de Juan quiero decir algo muy importante:
No basta con decir que conocemos a Jesús, no basta con publicar imágenes llamativas o hacer procesiones emotivas. Muchas de estas cosas quedan de lado en los próximos días.
Tenemos que morir para dar lugar a un nuevo vivir. Tenemos que desaparecer para que Él se pueda ver.
La obediencia no es una carga, sino una respuesta natural al amor que hemos recibido.
La realidad es que muchas veces queremos entender y ver, antes de actuar, pero es completamente al revés.
Por la fe sembramos y esperamos, creyendo que a su tiempo segaremos, si es que no desmayamos.
Él Capitán y Señor solo nos pide que confiemos en Él y lo sigamos sin temor.
Tan solo la obediencia es lo que abre el camino para que, al final, podamos disfrutar de la bendición que Dios nos ha prometido.
La fe verdadera camina, se pone en acción, incluso cuando no hay claridad o una gran explicación.
Jesús no solo nos salvó, él también nos llamó a seguirle con pasión y fervor, aunque eso implique padecer un gran dolor.
"Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.
(Marcos 8:34-35)
Unas Preguntas desafiantes para el final:
¿Estás dispuesto a abandonar la seguridad de la orilla y seguir a Jesús?
¿Estás dispuesto a caminar por fe, aunque no veas el horizonte?
¿Te atreves a soltar lo conocido y seguir al Buen Capitán, aunque el viento sople fuerte?
¿Estás dispuesto a obedecer aunque no entiendas cada detalle?
¿Estás dispuesto a rescatar a otros en medio de las tormentas?
Hoy, mientras muchos celebran sin comprender lo sucedido, nosotros recordamos a Aquel que murió por amor a los perdidos.
El Capitán fue sepultado… ¡pero como sabemos al tercer día resucitó!
Él vive. Y con Él, todo ha cambiado.
Mi querido marinero, aunque hoy las olas rujan con furia, aunque el viento te quiera quebrar, no abandones el barco, no dejes de lado al Buen Capitán, aférrate a su Palabra y espera solo en Su Verdad. El volverá y a su hogar te llevará. No lo dudes Jamás. Jesús es Fiel y nunca te dejará.
Me alegraría saber si me has estado acompañando durante esta Semana Santa.
¿Has leído las reflexiones anteriores? ¿Te gustaría compartir tu experiencia, tu fe, tus preguntas?
Soy Gerwuer, el Navegante, y por hoy aquí me despido…
No sin antes animarte a seguir en este recorrido.
Hasta la próxima, si Dios lo permite.

Buen día hermano!! Muchas gracias por compartir el evangelio! Si te he estado leyendo y acompañando está semana, también compartiendo por Whatsapp! Ánimo que hay que anunciar el evangelio por todos los rincones del mundo!!!
ResponderEliminarQuerido Matías Vivas, te agradezco mucho por leer y también por dejar tu comentario. Tus palabras me animan. Es bueno saber que no estoy solo en este recorrido. Gracias también por compartir estas reflexiones con otras personas. Mi único anhelo y mi oración constante es que Dios use estos mensajes para que otros encuentren fortaleza, esperanza, aliento, pero también que puedan crecer en sabiduría y en el conocimiento de la Biblia. Por sobre todo esto lo que deseo es que otros lleguen a entregar sus vidas a Cristo. Te abrazo fuerte. Gracias nuevamente. Un saludo de Gerwuer.
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